Cuanto más ganamos más necesidades nos creamos, por tanto, terminar el mes de forma más o menos desahogada no es sólo cuestión de cuánto dinero entra en casa, también depende de nuestra capacidad para distribuir nuestros ingresos de manera efectiva, es decir, saber en qué, cómo y cuándo gastamos. Haz una prueba ¿podrías decir cuánto ahorras cada mes? ¿Qué cantidad destinas al ocio? ¿Y a la compra? Aquí no vale responder “pues más o menos tanto”. La forma de que no te pille el toro es elaborar un listado con tus gastos y asignar la cantidad que debe suponerte cada uno.
Así, con un presupuesto evitarás gastar más de la cuenta en algunas cosas y descuidar otras más importantes.
Otra cosa: según los expertos, la cantidad de ingresos no limita la importancia de elaborar este plan. Sirve para quienes ganan mucho y para quienes ganan menos.
Además puedes hacerlo tan detallado como quieras, todo depende del tiempo que le puedas dedicar. Eso sí, para que resulte útil debe adecuarse a tus necesidades, ser flexible (para adaptarlo a imprevistos), realista (según tu nivel económico) y, por supuesto, debes ajustarte a él.
Vivir con lo menos posible
Una buena razón para hacer un presupuesto es que nos enseña a vivir igual con menos, esto es, ahorrar sin perjudicar el nivel de vida. Porque administrar el dinero sólo significa evitar ciertos lujos y disminuir pagos secundarios. Un detalle: lo ideal a la hora de elaborarlo es que participe toda la familia, sobre todo si tienes hijos adolescentes. Así comprobarán que sus padres no son un banco y que el dinero no sale de las piedras.
Pasos para un presupuesto según tu economía y tus necesidades
1. OBSERVA CÓMO GASTAS
Comienza por evaluar cómo manejas ahora tu dinero. Para ello calcula tus ingresos en un tiempo determinado (un mes de los normalitos) y anota los gastos que asumiste en ese periodo, por ahora no tengas en cuenta tus pagos bimestrales o anuales, calcula sólo los mensuales. Puedes distribuirlos en dos grupos: fijos (colegios, hipotecas...) y variables (ropa, ocio, alimentación...). Hay quien anota hasta las propinas, pero para empezar es mejor hacer grandes bloques, ya habrá tiempo de ir al detalle. Luego, recoge las facturas de ese mes que analizas y anota en cada categoría el gasto que te supuso. Si te faltan, haz un cálculo aproximado para cada apartado, pero a partir de ahora, intenta guardarlas. Es la única forma de saber dónde se va todo el dinero.
2. PAGOS BIMESTRALES
Los recibos de gas, luz, teléfono... constituyen una fuente de desequilibrio de cualquier presupuesto. Al ser bimestrales un mes va todo bien y al siguiente se produce el caos. Ocurre igual cuando toca abonar una factura anual. Una solución para estos casos es sumar el gasto total que supusieron estos gastos el año pasado y dividirlo por todos para obtener el coste que debe recogerse en tu plan mensual.
Y es que es más fácil pagar 150 euros por todos los recibos de servicios (agua, teléfono...) cada mes que no abonar nada (dinero que se acaba gastando cuando no se sabe qué) y el siguiente tener que desembolsar 300 euros y empezar a preguntarte: ¿de dónde saco ahora este dinero?
3. FIJAR PRIORIDADES
Asigna a cada gasto el dinero que te puede suponer. Si la suma total excede tus ingresos, repasa los bloques y ordénalos según tus prioridades (hay quien prefiere pagar menos hipoteca y dedicar más al ocio). Luego, en función de esta distribución, vuelve a asignar un dinero a cada bloque de gastos.
Para hacerte una idea de si vas por buen camino o no, puedes basarte (no seguir al pie de la letra) en este presupuesto ideal: hipoteca 22% de tus ingresos, alimentación y productos para el hogar 16%, educación (colegios y gastos adicionales) 14%, ahorro 10%, servicios (luz, agua, gas...) 8%, seguros (coche, casa...) 8%, ocio 8%, transporte (mantenimiento, gasolina, impuestos...) 6%, ropa y artículos personales 4%, otros 4%
4. QUITAR O REDUCIR
Si aún te quedas corta, repasa los gastos que tienes cada mes e intenta, sin dañar demasiado tu comodidad, prescindir de alguno (un canal privado de televisión, comer fuera a diario...) será fácil si has fijado bien tus prioridades. De todas formas piensa que siempre podrás reintegrar en tus presupuestos cualquier gasto que hayas eliminado. Luego, mira donde puedes reducir.
Los buenos propósitos no pueden quedar sólo en el papel. ahí van unas cuentas a tiempo para evitar penalidades o recargos. Trata de dejar las tarjetas de crédito en casa para no hacer compras impulsivas. Cuando uses la tarjeta, procura que sea de cargo inmediato (de débito) para no gastar un dinero que no tienes.
5. ¡AHORRA O NUNCA!
Dedicar un dinero para ahorra cada mes debe ser un objetivo prioritario en tu presupuesto. Intenta que sea una cantidad fija, pero que permita pasar con el dinero restante sin apuros y aunque sea poco, no lo desprecies. Con el tiempo, te podrá servir para un apuro o hacer realidad una ilusión.
Para evitar acudir a esa cuenta de ahorro a las primeras de cambio, puedes acudir a una cuenta mancomunada, aquella en la que hay varios titulares y en la que se necesita la firma de todos para sacar dinero. Cuando termines de pagar los plazos de un artículo (el coche, un sofá...) ya te habrás acostumbrado a pasar sin ese pellizco. Por tanto, en vez de ingresarlo en la cuenta corriente, transfiérelo a la de ahorro.
6. REVISAR Y RETOCAR
Los plazos de actualización del presupuesto podrán ser diarios, semanales, quincenales o mensuales. Fijarse plazos cortos requiere mucha dedicación, sin embargo, un periodo mayor no conviene porque se pierde el control de los gastos y porque los ingresos suelen cerrarse mensualmente.
Al principio es importante verificar el presupuesto con la realidad. Así cuando termine el mes repasa los gastos y compáralos con los que asignaste a cada categoría. Luego, puedes hacer los ajustes pertinentes.
Cuando te manejes bien con tu plan, trata de incluir más apartados: por ejemplo, gastos cotidianos (café, periódico...) A simple vista son insignificantes, pero terminar por sumar una cantidad considerable.
Haga click aquí para leer más artículos de Crecer Feliz